Qué ver
Santander se lo regaló a Alfonso XIII, y de forma literal: el palacio se pagó por suscripción pública, unas 700.000 pesetas de la época, para tener rey veraneando en la ciudad. Se construyó entre 1909 y 1911, quedó amueblado en 1912, y lo firmaron los arquitectos locales Javier González de Riancho y Gonzalo Bringas. El estilo, ese aire anglonormando de torres octogonales y piedra clara, mira más a Inglaterra y Francia que a Cantabria.
Fue residencia estival de la familia real hasta 1931. Después vino de todo, hasta que en 1977 Juan de Borbón se lo vendió a la ciudad. Hoy es monumento protegido y sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, así que en julio y agosto la península hierve de estudiantes y conferencias.
Por dentro se visita con guía, y vale la pena para ver los salones y la historia real de cerca. Pero el plan honesto, el que hacemos nosotros, es rodear la península entera a pie: mirador sobre la bahía, playas pequeñas escondidas, el faro y las vistas a mar abierto. La estampa del palacio con la bahía detrás es de las más fotografiadas de Santander, y no cobran por mirarla. Ve a la caída del sol, cuando la luz pega en la piedra y el paseo se llena de gente haciendo lo mismo que tú. Combínalo con El Sardinero y Cabo Mayor, que quedan a un paseo, y tienes la cara amable de la ciudad en una tarde.
Datos prácticos
- Dónde: Santander (Cantabria)
- Tipo: Monumentos
- Web oficial: https://www.palaciomagdalena.com/ ↗
