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Colegiata de Santa Juliana

Colegiata de Santa Juliana

Santillana del Mar · Cantabria · Iglesias y ermitas

Foto: Luis Fermín TURIEL PEREDO, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Qué ver

Es LA razón de ser de Santillana. La colegiata de Santa Juliana, románica del siglo XII, se levantó para guardar las reliquias de Santa Juliana, la mártir que da nombre al pueblo («Sant Illana» acabó en Santillana). Alrededor de ella creció todo lo demás: las torres, los palacios y las calles empedradas que hoy pisas.

Por fuera ya impresiona —tres naves, un cimborrio sobre el crucero y una torre cilíndrica pegada al muro—, pero lo que no te puedes perder está dentro: el claustro. Con más de cuarenta capiteles tallados —escenas bíblicas, animales, monstruos y hojas—, está considerado uno de los mejores claustros románicos de España. Se puede pasar un buen rato solo mirando piedra a piedra lo que un cantero imaginó hace ochocientos años.

Fue declarada Monumento Nacional ya en 1889, de las primeras de Cantabria en recibir ese reconocimiento. Y ojo al detalle: la portada, gastada por los siglos, y el sepulcro de la propia Santa Juliana en el interior.

Si solo puedes ver una cosa en Santillana del Mar, que sea esta. Y un consejo: intenta llegar a primera hora o a última, cuando los autobuses se han ido y el pueblo —y la colegiata— vuelven a quedarse en silencio. Ahí es cuando de verdad entiendes por qué la llaman la villa de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar.

Datos prácticos

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