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Bulnes

Cabrales · Asturias · Pueblos con encanto

Qué ver

A Bulnes no llega el coche. Punto. Es una aldea de piedra en pleno corazón de los Picos de Europa, en el concejo de Cabrales, partida en dos barrios: La Villa, abajo, y El Castillo, arriba. Se entra solo de dos maneras.

La primera, a pie, subiendo desde Poncebos por una senda que remonta el desfiladero del río Bulnes. Es una buena cuesta -cuenta con hora y pico de caminata y unos cuantos jadeos-, pero es la manera de verlo como se llegaba toda la vida. La segunda, el funicular de Bulnes, inaugurado en 2001: un túnel de 2.227 metros excavado en la montaña que salva 402 metros de desnivel (de los 183 a los 585) en unos siete minutos. Lo pusieron para que el puñado de vecinos que resiste no quedara aislado, y de paso disparó el turismo.

Lo que mueve a casi todos, en realidad, está un poco más allá. Desde la aldea y su entorno se ve el Naranjo de Bulnes, el Picu Urriellu, esa mole caliza de 2.519 metros que es icono del montañismo español. La primera cima la hicieron Pedro Pidal y el guía Gregorio Pérez, 'El Cainejo', en 1904, una barbaridad para el material de la época. Hacer cumbre sigue siendo cosa de escaladores serios, pero verlo de cerca no: con una caminata desde el pueblo lo tienes encima. En Bulnes no vive más que un puñado de vecinos durante todo el año. La subida merece la pena aunque acabes con las piernas temblando. Esto es otra Asturias, la de arriba del todo.

Datos prácticos

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