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Casco histórico de Castro Urdiales

Castro Urdiales · Cantabria · Pueblos con encanto

Qué ver

La villa más oriental de Cantabria, ya casi tocando Vizcaya —Bilbao queda a 35 kilómetros, Santander a 75—, y con más historia bajo los pies de la que aparenta. Aquí estuvo Flavióbriga, fundada por Roma hacia el año 74, la única colonia romana de toda la costa cantábrica, hoy enterrada bajo el casco. La villa medieval nació con el primer fuero de Cantabria, que le concedió Alfonso VIII en 1163.

La postal, que es de las grandes del norte, la firman tres piezas apiñadas sobre el puerto. La iglesia de Santa María de la Asunción, gótica del siglo XIII y el mejor gótico de la región, con clara influencia francesa. El castillo de Santa Ana, fortaleza medieval del siglo XII a la que en 1853 le metieron un faro dentro —esa mezcla de castillo y faro es rareza en el Cantábrico—. Y el puente medieval que los enlaza. Míralo en el ocaso desde el rompeolas: la piedra dorada, el faro encendiéndose y el mar de fondo. Ahí se entiende por qué a la iglesia la llaman la catedral de Castro.

El plan es sencillo y da para media jornada larga: se pasea el puerto, se pica algo en las tabernas del muelle —conserva y pescado no faltan—, se sube al conjunto monumental y se remata bordeando los acantilados hacia las ruinas de la iglesia románica de San Pedro. Con casi veinte kilómetros de litoral, Castro tiene además playas para dar y tomar, la de Brazomar la más urbana. El casco es conjunto histórico-artístico desde 1978. Hay tela que cortar aquí; no lo despaches en un rato.

Datos prácticos

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