Qué ver
Una medialuna de arena encajada al pie de un acantilado de unos 25 metros, con forma de anfiteatro. La belleza tiene peaje: se baja —y luego se sube— por una escalera de más de un centenar de escalones tallada en la roca, así que ni carrito de bebé ni pereza. En realidad son dos calas, Langre Grande y Langre Chica, separadas por un saliente rocoso que solo se cruza con la marea baja.
A cambio del esfuerzo, un arenal semisalvaje, sin apenas construcción alrededor, con la campiña verde cayendo hasta el borde del acantilado y unas vistas de las de quedarse un buen rato sentado. Rompe bien para el surf cuando entra mar de fondo, aunque la ola no aguanta demasiado y es más de días concretos que de todo el año. Va mucha menos gente que a Somo, que está al lado, y ese es medio encanto del sitio.
El aviso de marea aquí es serio, no un consejo de folleto: con marea alta el mar se come casi toda la arena y puede dejarte arrinconado contra la pared del acantilado, sin salida fácil hacia la otra cala. Consulta la tabla antes de bajar y no te fíes de que «aún queda un rato». Y llévate agua y algo de comer, porque arriba, junto al aparcamiento, no hay apenas servicios. Está en Ribamontán al Mar, junto a Somo y Loredo, así que se combina de maravilla con una mañana surfera y una tarde de cala tranquila.
Datos prácticos
- Dónde: Ribamontán al Mar (Cantabria)
- Tipo: Playas
- Web oficial: https://turismodecantabria.com/playas/playa-de-langre/ ↗
