Qué ver
La visita más de aventura de todas las cuevas cántabras. Chufín se abre sobre el embalse de La Palombera, en Riclones, donde se juntan los ríos Nansa y Lamasón, y según el nivel del agua se llega en barca cruzando el pantano o por un sendero pegado a la orilla. El trayecto ya es medio plan: paredes de roca, agua quieta y silencio.
Dentro conviven dos técnicas. En la entrada, con luz natural, hay grabados profundos hechos por abrasión —ciervas de cuerpo relleno, alguna cabra— de trazo ancho y contundente. Más adentro, en la zona oscura, aparecen las pinturas rojas: figuras esquemáticas, un bisonte, series de puntos y unos signos alargados en forma de bastón que traen de cabeza a los expertos. El arte se fecha entre 20.000 y 25.000 años, y la cueva estuvo habitada en el Solutrense superior, hace unos 18.000.
Aforo mínimo y reserva por teléfono con antelación, porque entran muy pocas personas por pase y en temporada se llena. Comprueba antes cómo toca acceder ese día, que depende del agua. Es de las cuevas menos monumentales por dentro, pero el conjunto —el embalse, el cañón, la barca y el arte— la convierte en una de las mañanas más redondas que puedes montarte en el occidente de Cantabria.
Datos prácticos
- Dónde: Valdáliga (Cantabria)
- Tipo: Cuevas
- Reconocimiento: UNESCO
- Web oficial: https://cuevas.culturadecantabria.com/ ↗
